BOLETIN Nº 134 - DICIEMBRE 2007 

PARROQUIA 

MADRE 

ADMIRABLE

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DICIEMBRE

   

Queridos amigos en Cristo,

 

Una vez más estamos a las puertas de la celebración de la Navidad .Qué triste sería pero qué real es el riesgo que corremos de celebrarla como una más...o peor todavía exclamar : “¡Otra vez la Navidad!...Dios quiera que pase pronto”.
Una de las estrategias que podemos adoptar para no vivir como una rutina las grandes celebraciones de la fe es plantearnos algún desafío concreto. Y creo que uno de los desafíos más importantes y difíciles a la vez, en la fiesta de la Navidad, es intentar que nuestro corazón se haga niño.
¿A qué me refiero? En la ciudad de Belén, donde nació Jesús, se encuentra la Basílica de la Natividad. Para acceder a ella hay una puerta muy pequeña de apenas un metro veinte de altura por la que sólo los niños pueden entrar sin agacharse. Esa puerta es también bien angosta. Es paradójico que  semejante templo tenga para entrar  una puertita tan pequeña. La historia cuenta que en la edad media los bárbaros ingresaban a caballo en  malón y le cortaban la cabeza a todos los cristianos que estaban rezando. Por eso se le hizo esa entrada.
Más allá de la razón por la que tiene ese ingreso es lindo pensar que a Dios sólo se puede llegar de dos maneras: o siendo niño o agachándose mucho. No empinándose, sino inclinándose. A Belén, al Nacimiento de Cristo sólo entran erguidos los niños y los grandes solamente agachándose mucho. Esta gracia es, de un modo especial, la que hay que pedir en este tiempo de Navidad.
Hacernos niños significa justamente agacharse, bajarse de cosas donde nos hemos subido muchas veces: nuestras impotencias, nuestros orgullos, creer que somos más, nuestra falta de servicio, querer el aplauso fácil, buscar el elogio, etc. Navidad es un tiempo que para poder comprenderlo, hay que agachar mucho la cabeza, si no, no se logra entender . Porque es justamente el misterio del servicio y del abajamiento más grande que ha habido sobre la tierra. Navidad es el gesto de humildad de Dios que se hace carne y nace entre nosotros. Por lo que si ése es el gesto de Él por nosotros, nuestra respuesta tendrá que ser exactamente la misma.
Navidad es tiempo de pedirle a Dios que nos regale un corazón de niño, como Dios, que se hizo niño, porque sólo de los niños es el Reino de los Cielos.

En este tiempo todos nos hacemos muchos y muy buenos propósitos. Recemos unos por otros para que los hagamos realidad con la Gracia de Dios. Pero sepamos que por más esfuerzos que hagamos sólo podremos prepararle a Jesús un humilde pesebre, que es donde más le gusta nacer.

En nombre del Padre Gustavo Irrazabal y de los sacerdotes que colaboran en Mater les deseamos una santa Navidad junto a sus seres queridos.Y le pedimos al  Padre del Cielo y a María Santísima que el año próximo podamos, como comunidad parroquial, hacer presente el amor de Dios en nuestro barrio.

 

Padre Martín García Aguirre

Párroco

Para meditar esperando la Navidad

Pasó en Belén, aquella madrugada. La estrella acababa de desaparecer, el último peregrino había abandonado el establo, la Virgen había ya acomodado las pajas de la cuna, y el niño por fin había podido dormirse. Dulcemente la puerta se abrió, empujada, podría decirse, por un aliento más que por una mano, y una mujer apareció en el dintel, cubierta de harapos, tan vieja y tan arrugada que en su rostro color de tierra la boca parecía ser una arruga más. Al verla, María sintió miedo, como si hubiera entrado al establo alguna hada malvada. Felizmente Jesús dormía. El asno y el buey rumiaban apaciblemente su paja y miraban a la extraña mujer adelantarse sin dar muestra alguna de sorpresa como si la conocieran desde siempre.
La Virgen, por su parte, no le quitaba los ojos de encima. Cada uno de los pasos que la anciana daba parecía que duraban siglos. La vieja seguía avanzando hasta que se detuvo junto al pesebre. Gracias a Dios, Jesús seguía durmiendo.

De pronto el niño abrió los ojos, y su madre se sorprendió muchísimo al ver que los ojos de la mujer y los del niño eran exactamente iguales y brillaban con la misma esperanza. La vieja entonces se inclinó sobre el pesebre, mientras que su mano hurgaba entre sus harapos buscando alguna cosa que tardó siglos en encontrar. María seguía mirándola con la misma inquietud. Los animales la miraban también, pero siempre sin sorpresa, como si supieran por adelantado lo que iba a suceder.
Por fin, al cabo de un largo rato, la vieja logró sacar de sus harapos un objeto escondido en el cuenco de su mano y lo entregó al niño. Tras todos los tesoros ofrendados por los magos y los regalos de los pastores ¿qué sería aquel nuevo presente? Desde donde se encontraba, María no podía verlo. Sólo percibía la espalda curvada por los años, y que se doblaba aún más al inclinarse sobre la cuna. Pero el asno y el buey seguían mirándola sin inquietarse.

Esto duró un buen rato. Después la anciana mujer se enderezó, como liberada del terrible peso que la empujaba hacia el suelo. Sus espaldas ya no estaban gibadas, su cabeza tocaba casi el techo de la choza y su rostro había recuperado milagrosamente la juventud. Y cuando se apartó de la cuna para dirigirse de nuevo hacia la puerta y desaparecer en la noche de la que había venido, María pudo al fin ver el regalo misterioso.

Eva -porque era ella- había venido a devolverle al niño la pequeña manzana, la manzana del primer pecado y de tantos otros que lo siguieron. La de nuestros pecados. Y la manzanita roja brillaba en las manos del recién nacido como el globo del mundo nuevo que con Él acababa de nacer.

(Anónimo)


Leemos en el Libro del Apocalipsis (21, 1-5)

 

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva…Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo y venía de Dios. Estaba dispuesta como una novia que se adorna para su esposo. Y oí una fuerte voz que venía del trono y decía: “Dios habita aquí con los hombres. Vivirá con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. Secará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo que antes existía ha dejado de existir.

 El que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas.”

¿Qué quiero renovar en mi vida en esta Navidad?

 

- Nuestro templo precisa mantenimiento -

 - Necesitamos su ayuda especial -

Durante los meses del verano es necesario pintar la capilla de los confesionarios y reacondicionar los mismos, adecuándolos para brindar mayor privacidad al sacramento de la confesión.

 

El costo total de esta obra asciende a $11.200. No la podremos realizar sin su ayuda. Esperamos su generosa colaboración.

 

 

HORARIOS DE LA PARROQUIA DURANTE EL VERANO

SANTA MISA: (desde el 25 de diciembre, enero y febrero)
Lunes a sábados: 19.30 hs. Domingos: 10:00, 12:00 y 20:30 

Última Misa en inglés: 23 de diciembre (domingo 10:00 hs) y recomienza el 2 de marzo de 2008
CONFESIONES: lunes a sábados de 19:00 a 19:30.
Sábados  y domingos durante las Misas. 
SANTO ROSARIO: todos los días antes de la Misa vespertina
SECRETARÍA: Enero: lunes a viernes de 17:00 a 20:30 hs. Febrero: Lunes a viernes de 10:00 a 12:00 y de 17:30 a 20:30 hs.  

 

HORARIOS DEL TEMPLO EN ENERO: lunes a viernes 7:30 a 13:00 hs. y de 15:00 a 21:00 hs. Sábados: 9:30 a 12:30 y 16:30 a 20:30. Domingos: 9:00 a 13:00 y 17:30 a 21:30.

HORARIOS DEL TEMPLO EN FEBRERO: lunes a viernes: 7:30 a 21:30 hs. Sábados: 9:30 a 12:30 hs. y 16:30 a 20:30 hs. Domingos: 9:00 a 13:00 y 17:30 a 21:30.
BAUTISMOS Y CASAMIENTOS:
Consultar en Secretaría

COLEGIO PARROQUIAL: de 8:00 a 16:30. Tel.: 4393-9918

SERVICIO SACERDOTAL DE URGENCIA: (para enfermos graves) de 21:30 a 6:00. tel: 4801 2000